Si así tiene que ser... que así sea
Dejé a mi novia. Sí, a esa novia con la que tenía todos esos planes tan exquisitamente inconscientes, tan felizmente delirantes e imposibles. ¿La amo todavía? Sin duda. Pero no voy a volver con ella. Quisiera odiarla, tenerle miedo, o por lo menos no sentir nada hacia ella. Pero no me sale.
Suficientes años (diecinueve, para ser precisos) tuve para tener que pedir permiso para todo, para llamar a casa y consultar cada paso que daba. Y suficiente tuve con soportar todas las restricciones que se me imponían a mí mismo, como para ahora tener que depender de las restricciones que le imponen a alguien más. Sí, es egoísta, lo sé. Soy así, no puedo evitarlo. ¿Por qué tengo que bancarlo yo si nadie me lo banca a mí? Hago lo que quiero, a la hora que quiero, y con quien quiero. Lamentablemente, ella no.
Aunque sea podría haberme tocado alguien con una familia cuyas costumbres no fueran diametralmente opuestas a las mías. Me gustaría haber estado de novio solamente con ella, pero no. Tampoco eso. Tuve que estar de novio con esos padres insoportables, que se enorgullecen de sus arcaicos protocolos (“Mirá, no me parece bien que se quede en tu casa a dormir, no me parece correcto”) ¡La puta que te parió! ¿Acaso no me voy a acostar con tu hija porque a vos no te parezca correcto? ¿Acaso no quiere hacerlo ella también? ¿Te diste cuenta en algún momento de que hace tiempo largo que tu hija dejó de tener quince años? ¿Por lo menos notaste que estuvimos juntos por un año y medio?
Tuve que estar de novio con esa hermana que se metía en todo, que siempre salía a apoyar lo que decían los viejos, por pura envidia, por tener 26 años y nunca haber tenido un hombre al lado. Tuve que estar de novio con ese sobrinito consentido al que de muy buena gana le hubiera pegado los sopapos que sus padres nunca le pegaron, y con esa cuñada falsa como billete de quince pesos, con su eterna actitud de “me chupa un huevo la vida”, y con toda la horda de familiares que se juntaba los domingos para comer asado con la boca abierta y la camisa desprendida. No sé ustedes, pero para mí es demasiado.
Hay cosas que hubiera preferido que resultaran de otra manera, pero no fueron. Y hay ciertos precios que no estoy dispuesto a pagar, aunque tenga que perder otra cosa por ello.
